En el Desarme de Oviedo, la noche se apoderaba de la ciudad. A lo largo de una de las principales calles se habían colocado barricadas para intentar frenar a los carlistas, que tenían como objetivo tener la urbe bajo su poder.
Los seguidores del príncipe Carlos a un lado, los de la heredera al trono, Isabel, al otro.
Las cuatro piezas de artillería posicionadas en lugares estratégicos. Las tropas a pie hicieron su entrada en el campo de batalla y se colocaron según la estrategia que sus mandos habían planteado.
Un cañoneo mutuo era la señal de que todo comenzaba. El silencio fue roto por las voces de los oficiales mandando a sus tropas al frente a cargar contra el enemigo, bien con fuego o cuerpo a cuerpo. Se dieron bajas en ambos bandos y los que aún quedaban en pie, lucharon con todo su ser para poder vengar a sus camaradas caídos. Para que su muerte no fuera en vano.
Las armas más mortíferas quedaron anuladas. La artillería carlista cayó bajo fuego liberal. Solo quedaba en pie la tropa ligera, que intentaba por todos los medios mermar al enemigo.

A duras penas atravesaron las barricadas colocadas en el camino para frenar su avance, ya que los isabelinos respondían a su fuego de línea. La Infantería de Marina de Blas de Lezo soportó con estoicismo un ataque cuerpo a cuerpo por parte de los boinas rojas y fueron recompensados con la retirada de éstos últimos. Finalmente, la tropa carlista, agotada, desistió en sus ataques y se retiró.
Terminada la primera batalla, y antes de irnos a descansar a nuestros aposentos, las tropas nos dirigimos de nuevo al gran comedor para disfrutar de la cena y recuperar las energías consumidas.
Amanece el domingo. Un sol radiante augura un día de calor. Las tropas liberales departen tranquilamente en el campamento. Unos gritos de ¡¡CARLISTAS!! por parte de una avanzadilla, ponen en alerta a todo el mundo, que cogen sus mosquetes y cargan los cañones.
La Infantería de Marina avanzó y tomo posiciones frente al puente para, mediante fuego de mosqueteros, parar el ataque, que incluía cuerpo de caballería. Todo era confusión y nos vimos obligados a retirarnos al campamento con el grueso de la tropa.

Poco a poco, los liberales fueron rodeados por los carlistas y aunque se formó cuadro, finalmente, tanto la artillería como la infantería isabelinas fueron diezmadas. Incluso gente del pueblo que observaba la batalla fue atacada por la canalla carlista. Una pequeña parte de nuestras tropas pudo huir, pero la mayoría yacían en el suelo, como mieses en el campo.
Finalizado el evento, y entre aplausos del público, hubo acercamiento de hermandad entre ambos bandos y nos fuimos a degustar el menú que la Cofradía del Desarme había preparado con cariño para todos nosotros: garbanzos con bacalao y espinacas, callos al estilo Oviedo y arroz con leche; como no, acompañado de vino. Poco a poco, los grupos nos fuimos despidiendo los unos de los otros, prometiendo vernos dentro de dos años, en una nueva cita con El Desarme de Oviedo.
