Domingo, nos levantamos pronto para ir a recoger la pólvora y hacer de nuevo cartuchos que serían necesarios par el asalto de Jaca. No por ello descuidamos nuestras otras labores y también hubo una sesión de cosido de botones y por supuesto la limipeza de los fusiles para aquellos que no lo habían realizado la noche anterior. Entre nuestras obligaciones, mientras los mandos volvían a asistir a la planificación de la batalla, estaban cuidar de los estandartes. Y así entre guardias, bromas, reparación y limpieza se nos fue la mañana.

Antes de la batalla, tuvimos una grata ceremonia en la que se entrego las debidos galardones, ascensos y reconocimientos a algunos y algunas integrantes de los diferentes grupos. No solo a soldados, sino también a esos ángeles que son las aguadoras que apagan la sed en el combate y nos recosen y curan cuando caemos en el campo de batalla. Por nuestro lado Jose, nuestro sargento recibió el cargo de sargento de primera y el artillero Ángel paso a cabo por su dilatado servicio.
Tras las ceremonias recibimos la misa, cantada en latín con una arenga de este párroco muy dispuesto a reunir a los franceses con su creador. Terminada la misa, nos dispusimos a finalizar el asalto de Jaca tomando la ciudadela.

Salimos de campamento y nos dirigimos al campo de batalla. A los cazadores del regimiento nos tocó ayudar en los tramos más difíciles a empujar la artillería. A la compañía nos había tocado en el despliegue la zona alta, a la derecha de la línea de batalla con dos misiones fundamentales. Proteger el flanco de la líneas de posibles infiltraciones de tropas ligeras y/o caballería y proteger a la artillería. Una gran responsabilidad.
Para ello, desplegamos en formación cerrada la mayor parte de la tropa, tocándonos a los cazadores la tarea de proteger la artillería y hostigar a los franceses. Pronto descubrimos que para cumplir con esta misión el terreno que teníamos no era el mejor ya que el espacio disponible era justo delante de la boca del cañón. No se cuantas veces tuvimos que hacer cuerpo a tierra, pero espero que cuente como flexiones.
La batalla se desarrolló según lo previsto, incluyendo nuestros duelos con la caballería ligera, y pudimos arrinconar a los franceses por fin hasta que ya se rindieron.
Y tras una ardua batalla, nos retiramos rápidamente al bar, para conseguir algo con lo que aplacar la sed que produce la pólvora y el ir correteando de un lado a otro. También disfrutamos de comentar con los otros grupos la batalla congregados todos alrededor de sendas cervezas. Franceses, españoles, caballería, artillería, infantería. Ahí todos somos hermanos.
Tras recoger el campamento, nos volvimos a casa, con el deber cumplido como buena infantería de marina que somos.
