El asalto al puente de San Miguel se encuadra dentro de la Batalla de San Marcial del 31 de Agosto.
La ciudad de San Sebastián, salvo la ciudadela, ya había caído tras el asalto de ese mismo día y tras la derrota en la Batalla de San Marcial en los alrededores de Irun, el ejército francés al mando del mariscal Soult se vio forzado a retirarse hacia los Pirineos. Debido al mal clima reinante en la zona, con lluvias torrenciales, el Bidasoa que a la mañana tenía un caudal normal, por la tarde bajaba muy crecido imposibilitando el vadeo del mismo. Lo que hizo que tropas francesas se quedasen atrapadas entre las aliadas y el Bidasoa. Una de ellas fue la 5ª división del cuerpo de ejército del general Clausel, al mando del general Vandermaesen.
Vandermaesen, viéndose atrapado y sin mucho tiempo llevó a sus 5.000 hombres al puente de San Miguel de Bera para cruzar el río. Sobre las tres de la madrugada, los franceses llegaron para encontrarse con el puente vigilado por dos centinelas en una barricada. Como suele ocurrir con los puntos estratégicos, este puente estaba vigilado. En este caso por una compañía de rifles del 2nd/95th (alrededor de 100 hombres) al mando del capitán Cadoux.
El asalto
A pesar de que los centinelas no fueron capaces de dar la alarma y cayeron rápidamente, el capitán Cadoux estableció la defensa quedándose a resguardo en varios edificios y fortificándolos.
Protegidos por la oscuridad y, fundamentalmente, a resguardo de la lluvia les permitió mantener un fuego constante frente al asalto francés quienes tenían que lidiar con lo estrecho del puente y sin poder responder al fuego bajo la intensa lluvia. Expuestos y sin cobertura posible, fueron abatidos sin poder pasar a la otra orilla.
Cardoux conociendo los medios de los que disponía, envió un correo solicitando refuerzos al general Skerrett, al mando de la brigada ligera a la que pertenecía y que se encontraba acampada no muy lejos de allí. Pero la respuesta de Skerrett fue la orden de retirada de la compañía a la cima de Santa Bárbara, al sur del puente. Cardoux se negó a obedecer dado que eso dejaría el puente de San Miguel en manos francesas. Los hombres del 95th repelieron ataque tras ataque en el puente durante más de dos horas a pesar de la superioridad numérica.
La resistencia fue tenaz y el general Vandermaesen, consciente de que tarde o temprano se vería rodeado por los aliados, se desesperaba viendo que sus tropas no conseguían avanzar. Vandermaesen, tratando de inspirar a sus hombres, fue alcanzado en uno de los asaltos siendo gravemente herido de un disparo, muriendo al poco tiempo.
La retirada
Finalmente Skerrett impuso su rango para dar la orden de replegarse y sin otra salida, el 95th se preparó para retirarse. Aunque como apoyo a la retirada Skerrett había mandado como refuerzos a un pelotón del 3rd/95th (40 hombres) y dos compañías de Caçadores portugueses (180 hombres).
Desafortunadamente para ellos las tornas estaban cambiando. La lluvia que había durado toda la noche había cesado, con lo que los franceses comenzaron responder el fuego con sus armas. La sombra que les brindaba la noche se desvanecía a medida que el amanecer avanzaba. Y la superioridad numérica francesa se hacia notar.
Ahora, saliendo de sus refugios para retirarse, el 2nd/95th sufrió muchas bajas entre heridos (46) y muertos (16). Uno de ellos el propio capitán Cardoux. Los refuerzos también tuvieron sus bajas llegando entre todos ellos a la cifra de 95 hombres entre muertos y heridos.
De las pérdidas francesas de ese día entre bajas y heridos se dice que fueron 231.

Pero el sacrificio de Vandermaesen y su división dejó en manos francesas el puente y el general Clausel pudo retirar a las tropas francesas al otro lado del Bidasoa y por ende llegar a Francia.
Hoy en día en el puente de San Miguel, restaurado por iniciativa vecinal, existe un pequeño monumento conmemorativo de los hombres de 2nd/95th y al capitán Daniel Cardoux.
Fue levantado por los descendientes del capitán y la Brigada de Rifles Británica en 1921.
