Asturias siempre es un buen destino. Y si es para ir la Desarme de Oviedo mejor.
Esta conmemoración nace como el reconocimiento a las milicias que protegieron la cuidad durante la primera guerra carlista. De entre todas las historias que aseguran ser el origen, posiblemente la que tiene más fuerza es que cuenta como en Agosto del 1836, las tropas carlistas entraron y se llevaron las armas de la fábrica de armas y el dinero de la ciudad. Al intentarlo de nuevo en Octubre, se llevaron la desagradable sorpresa de encontrarse esta vez a una milicia organizada. Para celebrar la victoria sobre los incursores carlistas, la ciudad pagó un banquete a esos soldados, el 10 de Octubre (cumpleaños de la reina Isabel II).

Llegamos el viernes, con el cielo ya encapotado en lo que viene a ser uno de esos días de otoño en el norte. No había mucho que hacer, salvo tramites normales de la recreación y juntarnos todos. Una noche de mucha lluvia nos hacía temer lo peor. Pero, casualidades. Aunque estuvo lloviznando durante la batalla, pudimos congregarnos en la plaza de la catedral para poder iniciar el desfile que nos llevaría hasta la iglesia de San Isidoro el Real, en la plaza del ayuntamiento para acompañar a la comitiva y realizar dos salvas de honor junto con el resto de los grupos.
Sin más que hacer durante el resto del día, aprovechamos la ocasión para dar un repaso al prontuario español.
Y a pesar de que el disléxico del sargento confundía su izquierda y derecha, pudimos ir puliendo detalles del mismo.
Las batallas del Desarme de Oviedo
Sobre las 8 de la noche comenzamos a reunirnos en la plaza de la Escandalera, para empezar con la batalla nocturna. En ese momento nuestros temores se centraban en el cielo, ya que llovía insistentemente y en el ambiente había bastante humedad.
La verdad es que creíamos que podríamos disparar poco. Aun así formamos y ocupamos nuestra posición en la calle Uria. El plan era sencillo. Ir retrocediendo a en relevos con la unidad de ARCHA, hasta el final de la calle y una vez allí volver a la plaza de la catedral para defender las barricadas. Un retén se quedaría para retrasar el avance carlista y darnos tiempo.

Dicho y hecho. Comenzamos a retirarnos con disciplina por los laterales para volver a formar la línea (la práctica de la instrucción). Empeñados en ser efectivos, estábamos secando constantemente la cazoleta, el rastrillo y la piedra. Esto nos permitió disparar durante toda la batalla. Aunque también ayudó el que la lluvia remitiese. Fuimos bastante metódicos, con unas buenas y coordinadas salvas.
Cuando ya por fin llegamos a la catedral, nos parapetamos detrás de la primera barricada y nos preparamos para resistir. Y así, nuevamente, salva tras salva. Aunque recibimos un par de cargas, aguantamos hasta que los mandos nos ordenaron una retirada a la segunda. No discutiré si era estratégica o no.
Ahí, sí. Nos defendimos como leones. Tuvimos pocos problemas con los fusiles, gracias a la limpieza y el buen mantenimiento. Y cuando rechazamos el último ataque a la bayoneta, nuestro impetuoso oficial nos ordenó contraatacar, pillándoles desprevenidos. Y nos hicimos con la victoria, acabando con los invasores carlistas!

Al día siguiente, domingo, los carlistones se habían quedado con las ganas de la victoria. Así que en el parque de invierno de la ciudad tuvimos que defendernos de un nuevo ataque. A pesar de que la potencia de fuego del bando carlista era algo superior, nos estábamos defendiendo muy bien. Pero, ¡ay! Esta vez los partidarios del usurpador don Carlos se habían traído la caballería que amenazo constantemente nuestra retaguardia. Tuvimos que deshacer nuestra línea para proteger a las banderas y oficiales, lo cual permitió a la infantería avanzar y tomar posiciones de ventaja.
En una última defensa numantina, nuestra unidad completa de infantería de marina, fue aniquilada y nuestro oficial capturado. Y eso a pesar del heroico gesto de nuestro sargento, el disléxico, que murió con la bayoneta en la mano por protegerlo.
De la batalla al menú del desarme
Batalla divertida con un público muy entregado. Pero nos aguardaba todavía una sorpresa más. Y es que la Cofradía del Desarme de Oviedo nos prepararon el menú del desarme, consistente en garbanzos con bacalao y espinacas, callos (con un picante casero secreto) y arroz con leche.
Riquísimo todo. Tanto que alguno y alguna de los nuestros repitieron varias veces. Bien por la Cofradía!!
