El fin de semana de 12 y 13 de el mes de Julio se celebró la conmemoración de la quema de Almazán, en Soria, en la que se recuerda la quema del pueblo por las tropas francesas en 1810, por su constante ayuda a las guerrillas.
De Almazán hay referencias desde el siglo XI. Es un pueblo con mucha historia y que tuvo mucha importancia en la provincia de Soria. La gente de Oria Dauria nos congregó en el parque que hay a las afueras de la muralla para montar el campamento el viernes. Ya conocía el parqué por la vez que estuvimos haciendo instrucción.
Separados en dos filas, franceses frente a milicias y guerrilla montamos los campamentos en que puede montar por fin mi pequeño campamento para probar todas esas horas de diseño, bricolaje y carpintería. Y así nos llego la noche, que acompañado de los Voluntarios de Aragón nos fuimos a cenar a un sitio cercano.
La lucha en los campos

Y llego la mañana del sábado en la que pasamos la revista de armas y marchamos para la el acto de conmemoración de la quema de Almazán frente al ayuntamiento. El contraste entre la milicia, de todos los colores y formas, frente a la uniformidad imperial daba un bonito y dispar cuadro.
Pasamos el resto de la mañana con un poco de instrucción de la mano de Mariano de Voluntarios de Aragón y haciendo cartuchos. Esos famosos expreso y doble expreso que «algunos» (no vamos a señalar a nadie 😉 ) hacen y que luego se oyen en medio del tiroteo de las batallas. Como fue el caso de ambas batallas de la quema de Almazán que podíamos identificar cuando disparaba alguno de los nuestros.
La contienda del sábado a la tarde fue una de las más agradables que he hecho, ya que se hizo en una arboleda. Cuando casi todas se realizan en descampado o fortificaciones bajo un sol a plomo, es muy agradable cuando estás a la sombra de arboles altos. Aunque te estén lloviendo descargas de las tropas francesas (maldito 3ème con sus siempre precisos flanqueos) y de la artillería. Poco a poco fuimos cediendo terreno hasta que se nos acabo el parque. Tras un breve parlamento y en vista de que la mayoría ya estábamos caídos haciéndonos los muertos, los franceses dieron una tregua para que el cura Merino se replantease la rendición de la plaza.
El asalto a la ciudad
Pero no. el cura no se rindió y en la puerta del mercado preparamos al defensa al día siguiente. A pesar de las ardientes palabras del famoso guerrillero, pudimos aguantar la puerta durante unos 20 minutos, bajo el intenso fuego de artillería y las oleadas que el mando francés mandaba a la bayoneta.
Otra vez, superados, fuimos retrocediendo hasta la plaza del ayuntamiento. Palmo a palmo cubríamos nuestra retirada aprovechando la estrechez de la calles.
Y en la plaza preparamos la última defensa. Tras un par de asaltos, un nuevo intento de acabar el ataque de forma civilizada termino repentinamente cuando un primero un cabo al que le falló el fusil y seguidamente un monje trataron de liquidar al comandante francés. Y eso, muy buen lector/a, no sentó muy bien a los imperiales, quienes volvieron a asaltarnos con más ganas. Con tantas, que hasta el inquebrantable cura Merino, viendo lo que se venia encima, salió huyendo de la ciudad.

Poco más quedaba por hacer. La quema de Almazán era un hecho consumado. Las tropas francesas entraron a saco, nos abatieron a casi todos. A los que no, los fusilaron. Mientras el bombardeo de la artillería seguían causando incendios y estragos en la ciudad. Finalmente poco se podía hacer. ¡Salvo pasar por alguna de las tabernas a apagar nuestra sed tras una larga mañana de combate bajo el sol!
Tras un buen fin de semana recogimos el campamento, y tras despedirme de todo el personal con más buenos momentos en la cabeza. Un placer, Oria Dauria!!
