Estábamos impacientes por ir a la batalla de los Arapiles, por que podríamos recrear una de nuestras unidades en la que nos cuesta juntarnos, la 5th/60th. Y aunque por motivos de trabajo nuestro corneta tuvo que quedarse en tierra, un pequeño pelotón partimos hacia dicho pueblo.

Según arribamos allí y antes de que nuestro sargento llegase, montamos el campamento. Algo pequeño, ya que en vez de plantar la tienda grande solo pusimos una tienda pequeña que serviría de almacén y un toldo para resguardarnos del sol leonés que nos vino muy bien aunque he de confesar que lo podríamos haber colocado mejor.Llego el sargento (the merry rifleman) y con él nuestras primeras recomendaciones de como deberíamos comportarnos el fin de semana. Con la cena a cargo de la amabilísima gente del pueblo de los Arapiles, a la que añadimos algún vicio que habíamos traído nosotros (en concreto un queso) nos fuimos a dormir en nuestros camastros.
Por la mañana, tras un buen aseo y vestidos de faena (tal y como nos había ordenado el sargento) fuimos a desayunar para coger fuerzas. Y… oh, sorpresa! ¡resulta que el queso del que habíamos disfrutado la noche anterior había sido objeto de las atenciones de un roedor silvestre! (Consejo para cuando acampéis. Vigilad el queso.) Empezamos a realizar vida campamental y a atender a los curiosos que se acercaron al campamento contestando las preguntas que se hacían, mostrando equipamiento o contando «batallitas» de recreadores que tanto nos gusta contar.
Llegado el momento, y conociéndonos como nos conoce, nuestro sargento nos tuvo un buen rato de instrucción bajo la vigilancia de vecinos y curiosos. Y entre una cosa y otra, por fin a la tarde se empezó a congregar a los dos ejércitos en el campamento.
Y fue nuestra sorpresa cuando vimos que los franceses eran…. escasos! Viendo la desigualdad de fuerzas, la organización nos solicitó que hiciésemos un cambio de bando.
¡Rayos! Nosotros, los Royal Americans, que estuvimos del lado de nuestro rey George III durante la guerra con las colonias rebeldes nos veíamos arrastrados a reforzar ¡el bando francés!
Pero, por otro lado, ¿en qué otro sitio tendríamos la oportunidad de ir gritando «oh, mon dieu«, «Oh là là!«, «C’est la vie«, «Touche! Je suis mort!» y toda esa colección de frases tan divertidas que tienen en su arsenal los franceses? Así que armados con esta sarta de tópicos y nuestros bakers nos sumamos al contingente francés.
La noche en la batalla de Arapiles

El planteamiento de la batalla era sencillo. Como franceses avanzábamos por las calles del pueblo dando comienzo a la batalla de los Arapiles (la organización acertadísima en realizar el combate en el pueblo y no el campo ante la posibilidad de incendio) y presionando a la línea aliada compuesta de por portugueses y británicos. En nuestro papel de rifles, mantuvimos un fuego sostenido.
He de decir que mi baker, que tanto me había fallado por un problema mecánico en Cruzul, se salió en esta escaramuza.
Presionamos y presionamos hasta que condujimos a los aliados hasta el parque. Pero hasta ahí llegamos. Desprotegidos de nuestra cobertura en una plaza abierta, las unidades de línea y la artillería empezaron a batirnos.
Aun así, Wellington no terminaba de decidirse, por lo que pudimos realizar bastantes disparos más de los que preveíamos, arrancando la simpatía del público ante nuestra tenaz resistencia.
Un momentazo fue cuando Jonh Fishburne, del 42nd Highlanders, a quien habíamos capturado, se escapó de nuestras manos y comenzó a correr hacia sus líneas, jaleado por el público ante la hazaña. Pero no llego tan lejos como él pensaba. El certero tiro de un baker la abatió, arrancando una exclamación de lástima des el público cuando lo vio caer. Finalmente, el ataque final llegó y nos vimos obligados a retirarnos.

Llegó el Domingo y con él actividades más enfocadas a los recreadores. Marchamos hacia el campo de batalla en columna, aunque tuvimos que esperar a Wellington que llegaba tarde. Allí tuvimos dos emotivos actos tanto para honrar a todos aquellos combatientes caídos en la batalla de Arapiles como para recordar a las personas del mundo de la recreación que ya no están entre nosotros. Fue un acto muy emotivo, en el que algunos nos quedamos sin palabras. Muchas personas nos faltan, aunque siempre estén con nosotros.
Volvimos para el pueblo, en donde se hizo otro acto más de conmemoración, pero esta vez con la participación del pueblo de Arapiles. Cansadetes pero contentos recogimos el campamento y emprendimos el viaje de regreso.
Un buen fin de semana, muy bien acompañados y pudiendo hacer de 5th/60th. Bravo, Tiradores de Castilla!
